Royal Court Theatre, donde el dramaturgo es Rey.

Hace unos días tuvimos el privilegio de recibir en la ciudad de Mérida al dramaturgo británico Michael Wynne, esta visita se dio gracias al esfuerzo de varias instituciones, en principio del Royal Court Theatre que es la famosa compañía inglesa enfocada en la formación y el impulso de nuevos dramaturgos, tanto ingleses como de todo el mundo, en cuya sala se pudo ver, por ejemplo, la primera obra de Sarah Kane, Blasted. Otros involucrados fueron el British Council, el Instituto Anglo, el Centro Cultural Helénico que junto con el Royal Court organiza desde 2004 encuentros y talleres de intercambio entre dramaturgos ingleses y mexicanos, además de la compañía Teatro Hacia el Margen A.C. que en la ciudad de Mérida se encargó de recibir y organizar el encuentro entre Wynne y la comunidad de dramaturgos, directores, actores, productores, estudiantes y medios interesados en la presencia de este joven dramaturgo inglés.

El encuentro tuvo lugar en el edificio de la ESAY en ferrocarriles comenzando con unos quince minutos de retraso, lo que aprovechó Sebastián Liera para romper el hielo con un comentario sobre la particular y opuesta relación que ingleses y mexicanos tienen con la puntualidad y comenzar su presentación del invitado.

Desde 2004, el Royal Court Theatre, de Londres, y el Centro Cultural Helénico, de la Ciudad de México, han venido articulando el Programa de Intercambio de Residencias Artísticas México-Gran Bretaña, con base en el proyecto International Residency que desde 1989, bajo el nombre de International Summer School, el Royal Court lleva a cabo en más de 70 países para dar proyección mundial a su labor de producción dramática.

El beneficiario de International Residency este 2010 es el escritor Michael Wynee, Premio Laurence Olivier a la Mejor Comedia y Nominación como Mejor Comedia en los Premios Whatsonstage, por su obra “The Priory”; Premio Meyer Whitworth a la Mejor Comedia y Premio Liverpool Echo Arts al Mejor Escritor, por “The Knocky”; Premio Time Out Theatre a lo Mejor del Off West End, por “Sell Out”; Nominación como Mejor Comedia en los Premios Whatsonstage, por “The People are Friendly”, y Premio Alexander Korda de los BAFTA a la Mejor Película Británica, así como el Evening Standard Film al Mejor Guión, como coautor de “My Summer of Love”.

A través de la traducción del Maestro Christian Rivero, Wynne charló acerca del Royal Court, de cómo fueron sus inicios y su posición siempre innovadora y de apoyo a dramaturgos que están iniciando su carrera, lo cual le ha permitido demostrar que hay mucho más valor en tomar riesgos con nuevos lenguajes dramatúrgicos que  permanecer en el anquilosamiento de un teatro cómodo para el público, que con tal de no perturbarlo ya no dice nada. Contó del interés de la Compañía por que los dramaturgos toquen temas reales, presentando los problemas a veces irresolubles de gente de verdad, sin imponer ningún tipo de condicionamiento más que el compromiso vital del dramaturgo con su proyecto. El teatro del Royal Court, según nos reveló Wynne, se ha vuelto referencia necesaria para hablar de la vanguardia en el teatro inglés así como el espacio de confrontación en lenguaje escénico de temas que van del ámbito social al filosófico, al de las relaciones humanas y cuyo tono crítico no siempre resulta agradable. Nos contó que ha habido momentos de la Compañía en que la angustia o violencia expresada por los dramaturgos ha dado origen a algunos lugares comunes  que emplean ciertos críticos y público teatral para definir el trabajo del Royal Court: “si no hay golpes o violaciones que se devuelvan las entradas”, sin embargo, al contrario del teatro que no toma riesgos, la temática y las formas en que los dramaturgos de la Compañía asumen el hecho de escribir teatro da poco lugar para quedarse demasiado tiempo en alguna tendencia. La ampliación de la mirada hacia la dramaturgia de otras latitudes ha sido fundamental en la renovación de lenguajes, ya que a la vez que la Compañía ha promovido la difusión de la obra de sus dramaturgos y sus metodologías a través de talleres en intercambios con varios países, se ha puesto también a la tarea de aprender de la dramaturgia de fuera del Reino Unido, de sus autores, de sus culturas, de sus formas de ver el mundo y hacer teatro. La visita de Wynne se da en el contexto de estos intercambios, ya que ahora se encuentra trabajando y nutriéndose de la experiencia de trabajo con dramaturgos mexicanos en la Ciudad de México y en Veracruz.

Las formas de trabajo en esta compañía hacen que el dramaturgo tenga un control total en la producción tanto escénica como editorial de su obra, pudiendo tomar decisiones acerca del director, el reparto, la imagen del programa de mano así como la portada del libro. Regularmente se invita a los autores a los ensayos de sus obras, en ocasiones se les debe pagar por ello. El Royal Court confía plenamente en la obra de los autores a los que ha hecho una comisión, por eso hay total libertad en cuanto al tema y al modo de escritura que elige el autor, sin embargo, el proceso de revisiones y borradores suele ser riguroso y aún así, hay obras que después de todo el proceso nunca llegan a escena en las tablas del Royal Court. Comentó también que el trabajo en la Compañía es bastante organizado, las obras tienen un proceso de ensayos que dura unas cuatro semanas, trabajando unas ocho horas diarias de lunes a viernes. El proceso de puesta en escena privilegia el texto y hay, visto desde este lado, muy poco espacio para el desarrollo de propuestas actorales o conceptos escénicos explorados por el director, por lo cual los actores, director y creativos que participan han de ser efectivos en su trabajo y estrictos en los plazos, de lo contrario, los contratos y la competencia permiten fácilmente encontrar los reemplazos. A diferencia de el teatro que se hace en México y en general en América Latina, en el Reino Unido el trabajo está bastante especializado, por ejemplo, difícilmente se verá a un dramaturgo dirigir su propia obra, según Wynne esto puede deberse a las mismas formas de producción que harían agobiante encargarse de varias partes del proceso, confesó que él procura ir lo menos posible a los ensayos de sus obras.

Las obras de Wynne comienzan a construirse casi siempre desde una tonalidad que él considera muy seria, pero en el proceso este material va adquiriendo, casi sin que el público lo note, ciertos toques de la ironía y el humor que caracteriza al autor y es firma de sus obras. Por ahora se encuentra trabajando sobre una obra que aborda la “difícil” situación económica en Gran Bretaña, nos comentó lo sorprendente que le resulta ver cómo la gente en México intenta resolver su situación aunque sea a base de vender cualquier cosa en la calle, “en Inglaterra -dice mientras sonríe tal vez con ese tono irónico en sus obras- a la gente no se le ocurriría hacer eso pues todavía creen que el gobierno hará algo por ellos”. Sobre el teatro en México Wynne dijo haber visto hasta el momento tan sólo tres obras, de las cuales no pudo entender casi nada, sin embargo le pareció como impresión general que en el teatro mexicano los diseñadores (tal vez en referencia a los escenógrafos) eran los que predominaban con sus ideas y estilización en las puestas en escena.

La principal recomendación de Wynne para quienes se dedican a la dramaturgia fue escribir sobre lo que en verdad se cree sin importar hablar de lo que está de moda o parece ser interesante. Investigar sobre lo que a uno mismo le interesa en el teatro es lo que da valor a lo que hacemos. Para concluir su charla Wynne presentó un video con una ponencia de la escritora estadunidense Elizabeth Gilbert en la que habla sobre los procesos de creatividad y la relación que las personas pueden llegar a tener con su propio genio creativo. Habló de cómo la sociedad contemporánea relaciona la capacidad creativa con la persona que la posee obligándole a mantener su nivel de éxito para no perder su identidad, cosa que por cierto, comentó la autora, ha causado tantas historias de angustia y dolor con las que en nuestra cultura relacionamos al artista. Ella ha optado por una idea más antigua y clásica del genio como una fuerza exterior a nosotros que colabora en nuestra obra, un espíritu de la naturaleza que comparte la responsabilidad del aliento con el que nuestro arte adquiere vida. Esta idea permite al artista vivir su oficio sin angustia y con la alegría de que haciendo su trabajo, ahí estará el genio colaborando gustoso en la dicha de la creación. Nuestro dramaturgo invitado nos comentó que comulgaba plenamente con estas ideas.

Miguel Ángel Canto, diciembre 2010

Enlaces interesantes:

Royal Court Theatre

Elizabeth Gilbert: El genio de la creatividad

Nota del Diario de Yucatán

Entrevista con Virginia Carrillo en “El sillón de la lectura”

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