Las primeras preguntas (consideraciones previas)

Todo largo camino empieza por el primer paso, se suele decir; y debiera decirse siempre que se encuentre uno caminando, pues cada paso que damos precisa de un impulso renovado. El primer paso que ahora toca, es la entrada al ciclo de estudios de maestría en la dirección de escena; y como su impulso, los deseos, perspectivas y preguntas fundamentales que me plantearé resolver durante este proceso.

¿Qué es el Teatro, hoy?, ¿Cuál es su función ante el espectador actual? ¿Qué valor y efecto específico tiene en este contexto social? ¿Cuáles serán las características, habilidades, búsqueda artística y estrategias más adecuadas para un director de escena con el fin de incidir en su ámbito socio-cultural?

Parto en este momento de una premisa que me ha perseguido siempre: “El Teatro no dejará de existir jamás”. En su momento se pensó que el cine sería el que dominaría totalmente los gustos del público por la ficción en la escena, pero no fue así, ni aún las nuevas tecnologías de la información pueden competir con el fenómeno que representa la convivencia entre el actor y el espectador, las interacciones entre el espacio vivo de de la representación y el de interpretación creativa del espectador. Una de las virtudes que posee el Teatro es que no requiere de ninguna tecnología para llevarse a cabo pero el espectro de efectos y la energía con que una función teatral puede transformar a sus participantes es infinita; sin embargo, hay que aceptar que cuesta tanto crear esa energía que en muchos casos los creadores teatrales ponen su enfoque y objetivos en otros aspectos como la espectacularidad simple y llana, los prestigios en juego en un proyecto, o bien el enclaustramiento estilístico y conceptual que nada tiene que ver con su entorno social.

El Teatro pudiera ser esa Máquina cuántica en la que el ser humano, -su cuerpo, su espíritu, su intelecto- pudiera realizar operaciones vitales sobre su propia conciencia, objetivos vitales, su registro de memorias y de proyecciones futuras, sobre sus conocimientos, sobre el campo de sus interacciones con el entorno y sobre el mejor flujo de su propia energía. Esa “máquina” es creada por actores y espectadores rodeando el ámbito escénico que comparten, afectando los músculos de unos y otros, su respiración sus creencias. Empieza con el pacto nombrado: función; tiene hora, tiene lugar, lleva título y nombres que enmarcan el campo de juego y sugieren las primeras operaciones mentales, las primera expectativas. Al final, el mundo creado en el acontecimiento teatral puede ser tan indeleble como los cambios que ocurren en la Historia, o como esas experiencias, recuerdos y símbolos que nos acompañan siempre en nuestras vidas.

Como primera idea creo que el director de escena debería trabajar equilibradamente en torno a tres áreas. La del trabajo con el actor y los elementos del espectáculo, la de la condiciones de “recepción del espectador” y el siempre cambiante plano, en gran medida metafísico, creado por el encuentro humano y la puesta en marcha de la representación en el “aquí y ahora” de la función teatral.

…por aquí el comienzo de la indagaciones.

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